Blog de miguelmaldonadoq

Aeropuerto


El sol brillaba por las ventanas, pero el clima seguía teniendo ese frío que dejo la noche, reflejaba por los ventanales, en la pista de aterrizaje se podía ver un poco de la neblina, era una mañana fría pero que prometía calor para la tarde, pocas nubes en el cielo entre las cuales el sol podía asomar sus rayos.

El aeropuerto era chico, uno típico de provincia donde solo tienen una banda para recoger las maletas, sorpresivamente estaba más sucio de lo usual, como si no lo hubieran limpiado en dos o tres días, tenía solo una pantalla donde se mostraban los tres vuelos más cercanos, y no tenía más gente de la que puedes encontrar en un restaurante a la una de la tarde un viernes.

La gente no hacía mucho ruido, solo se podían escuchar una o dos platicas que sonaban más como susurros que como palabras, pareciera que había más gente que trabajaba ahí que gente que fuera a viajar, muy pocos de ellos en movimiento la mayoría estaba sentada en una silla típica de aeropuerto, de esas que son de metal y tienen un asiento acolchonado que es más duro que un tequila derecho por la mañana.

Viendo por los ventanales sentado en una de esas sillas estaba Drago, un joven de pelo corto y obscuro siempre despeinado, ese pelo no había tenido el toque de gel desde sexto de primaria cuando era obligatorio ir peinado para atrás con mucho mas gel del necesario, con una estatura de un metro ochenta centímetros Drago parecía un helado derretido por los rayos del sol, desparramado en la silla con la espalda baja tocando el borde del asiento, casi cayéndose.

Junto a la ventana estaba un carrito de limpieza como los que traen las mucamas en los hoteles, solo que este era amarillo y tenía una escoba y varios productos de limpieza, pero sobre todas esas cosas había trapos, muchos más de los necesarios, como si estuvieran ahí tapando algún secreto.

En la mano Drago tenía su celular, y estaba pensando en el último mensaje que le iba a mandar a su novia antes de subirse al avión que empezaba el abordaje en quince minutos. El cañón de Nacapule, sonaba como un buen lugar para viajar con su novia, un lugar con un ecosistema muy rico y muy diferente, pasaba de desierto a tropical en menos de diez metros, sonaba como el lugar perfecto para proponerle matrimonio al amor de su vida.


Drago, una persona muy callada, una persona que le gustaba más escuchar a la gente que hablar, le gustaba más un buen libro que una buena fiesta y su hazaña más grande había sido decirle a la mujer que le gustaba que fuera su novia, iba a hacer un viaje de cuatro horas para proponerle matrimonio a la novia con la que llevaba poco más de dos años.

Vestido con unos pants deportivos y una chamarra que era par con ellos, Drago se preparaba para hacer la hazaña más grande de su vida y se podía ver por el color de su piel que normalmente era blanco y por tal momento estaba un poco rojizo y si la escena no estuviera en pausa se podría ver como movía la pierna a una velocidad que nunca antes la había movido.

Si voltearemos la escena y viéramos a Drago de espaldas, podríamos tener muy en claro el último mensaje que le mando su novia “ya quiero que llegues, te amo”.


Comentarios

Muy buena historia, detallada e interesante.

Qué bonita historia.

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